El Espíritu Santo les enseñará todas las cosas (cf. Jn 14, 15-16. 23-26)
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“El Espíritu de Dios habita en ustedes”1. ¡Qué gran noticia! ¡Nunca estamos solos! El Creador amoroso de cuanto existe está en nosotros, llenándonos de su amor. Así nos hace hijos suyos y coherederos con Jesús de su vida por siempre feliz.
Sólo hace falta que le abramos las puertas del corazón ¿Cómo? Amándolo. Y dado que, como dice san Gregorio: “La prueba del amor está en las obras”2 , Jesús, en quien Dios ha venido a nosotros, nos pide cumplir sus mandamientos: que vivamos en el amor, 3 .
Él sabe que amar no siempre es fácil. Por eso nos pide que pongamos de nuestra parte para que pueda ayudarnos rogándole al Padre que nos dé al Espíritu Santo, quien nos enseña todas las cosas y nos recuerda cuanto Jesús ha dicho, ayudándonos a comprender el significado de sus palabras, como dice san Juan Pablo II, 4.
El Espíritu de la verdad nos descubre que todo lo que Jesús ha dicho y ha hecho es para unirnos a Dios y entre nosotros. Jesús fue enviado, como dice el Papa, para restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado; liberarnos de la condición de huérfanos y restituirnos a la de hijos, 5. Y siendo hijos de Dios, somos hermanos unos de otros.
La hermandad de la humanidad, ¡cómo la anhelamos! ¿Verdad? Porque, como dice Benedicto XVI, aunque hemos multiplicado las posibilidades de comunicar parece que no hemos avanzado en la capacidad de entendernos; nos vemos con desconfianza, con temor, como si fuéramos peligrosos los unos para los otros, 6 .
Esto sucede en el matrimonio y en la familia; miramos con sospecha a la pareja, a los papás, a los hermanos, a la suegra, a la nuera. Y lo mismo pasa en la escuela, en el trabajo y en la sociedad. Pero en el fondo soñamos con un mundo en el que podamos entendernos, respetarnos, querernos y ayudarnos mutuamente a progresar y ser felices.
Y esto es posible si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, que así como en Pentecostés hizo que, gente venida de todas partes del mundo oyera a los discípulos hablar en su propia lengua 7, puede hacer que nos comuniquemos con el lenguaje que todos entendemos: el amor, que es comprender, actuar con justicia, ser pacientes, solidarios y serviciales, perdonar y pedir perdón.
El Espíritu Santo puede hacer maravillas en nosotros y a través de nosotros ¡Puede renovar la tierra, 8! Por eso, dispuestos a amar a Jesús y hacer lo que nos manda, abrámonos a él, diciéndole: ¡Ven Espíritu Santo, y llena nuestros corazones de tu amor! 9
+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros
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1)Cf. 2ª Lectura: Rm 8, 8-17.
2)In Evang., hom. 30.
3)Cf. 2 Jn 1, 6.
4)Cf. Dominum et vivificantem, 4.
5)Cf. Homilía en la Misa de Pentecostés, Domingo 15 de mayo de 2016.
6)Cf. Homilía en la Misa de Pentecostés, Domingo 27 de mayo de 2012.
7)Cf. 1ª Lectura: Hch 2, 1-11.
8)Cf. Sal 103.
9)Cf. Aclamación.

