No solo de pan vive el hombre (cf. Lc 4,1-13)
…
La vida es maravillosa, pero difícil. Porque como señala san Beda, el demonio no cesa de poner obstáculos a nuestro camino . Por eso un refrán dice: “En casa del jabonero, el que no cae resbala” ¡Y a veces resbalamos y caemos muy feo! ¿A poco no?
Pero Dios nunca nos deja. Por eso, como al pueblo de Israel, nos invita a recordar de dónde hemos venido y quién nos ha echado la mano[1]. “Mira tu historia cuando ores –aconseja el Papa– y en ella encontrarás tanta misericordia… el Señor… nunca te olvida”[2].
Es Dios, creador de todo, quien nos llamó a la existencia. Es él quien, al ver el lío en que nos metimos al pecar, se hizo uno de nosotros en Jesús para salvarnos. Es él quien, mediante su Espíritu, nos protege y nos hace partícipes de su vida por siempre feliz. Sólo hace falta que creamos en él y sigamos su ejemplo[3], con el que nos enseña cómo salir victoriosos de las tentaciones, que son muchas, pero que siempre tienen un denominador común: quitar a Dios de la vida[4].
El demonio es muy listo. Por eso, como explica Benedicto XVI, no nos invita directamente a hacer el mal, sino que nos sugiere mejorar nuestra vida y el mundo pensando que lo único real es lo que se puede constatar: lo material y el poder[5]. Así nos hace creer que lo más importante es el cuerpo, y que para satisfacer nuestras necesidades físicas y sexuales se vale usar y desechar a la gente, ponernos en un plano de superioriad[6] y hacer lo que sea con tal de salirnos con la nuestra: mentir, chismear, hacer trampas.
Y para que no nos sintamos mal y hasta nos consideremos espirituales, nos hace creer que cada uno puede interpretar a Dios como quiera; que podemos forzarlo a hacer nuestra voluntad y reducirlo a una emoción o a una fábrica de milagros, sin amarlo, sin tratar de conocerlo, sin estar cerca de él, y sin comprometernos a vivir como pide.
Pero aunque de momento parezca que esto funciona, tarde o temprano se ven los resultados: vidas insatisfechas, matrimonios rotos, familias divididas y sociedades plagadas de injusticia, corrupción, pobreza, contaminación y violencia. Y por si fuera poco, espiritualmente engañados, terminamos desilusionados y desesperanzados al ver que Dios no hace lo que queríamos.
¡Qué listo es el demonio! ¿Verdad? Sabe cómo enredarnos y hacer que, creyendo que vamos ganando, terminemos perdiéndolo todo, especialmente lo más importante: a Dios, que es el único que puede hacer nuestra vida plena y eterna.
Pero Jesús nos enseña cómo vencer la tentación: descubriendo que en realidad todo es de Dios, y, confiando en él, hacer lo que nos pide. Así, guiados por su Palabra y fortalecidos por sus sacramentos, la oración, la penitencia y la limosna, podremos ver la realidad y salir adelante, a nivel personal, familiar y social, comprometiéndonos a vivir como nos enseña: amándolo, amándonos a nosotros mismos y amando al prójimo.
Así que no nos dejemos engañar ni atermorizar por el demonio. Dios siempre puede más que él. Con esta confianza, cuando nos veamos tentados, busquemos la ayuda del Señor, sabiendo que él siempre nos librará y nos pondrá a salvo[7].
+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo de Matamoros
_____________________________
[1] Cf. 1ª Lectura: Dt 26,4-10.
[2] Gaudete et exsultate, 147.
[3] Cf. 2ª. Lectura: Rm 10,8-13
[4] Cf. BENEDICTO XVI, Gesù di Nazaret, Ed. Rizzoli, Italia, 2007, p. 50.
[5] Ibíd., p. 51.
[6] Cf. FRANCISCO, Santa Misa en el área del Centro de Estudios de Ecatepec, 14 de febrero de 2016.
[7] Cf. Sal 90.

