Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor
Números 11,25-29
Santiago 5,1-6
Marcos 9,38-43.45.47-48
El Señor nos ofrece, este domingo, varios puntos de reflexión que, sin duda, nos ayudarán enormemente en nuestra vida cristiana.
En primer lugar, y como tema central, el libro de los Números y el evangelio de san Marcos nos ayudan a entender que existen, a nuestro alrededor, muchos hombres y mujeres que, sin ser de “los nuestros”, buscan agradar a Dios y darlo a conocer a través de sus palabras y de su testimonio de vida. ¿Qué actitud tomar hacia ellos? ¿Hay que rechazarlos? ¿Debemos oponernos a la labor que, con rectitud de conciencia, llevan a cabo?
Moisés responde, en la primera lectura, a Josué, cuando Eldad y Medad estaban profetizando en el Pueblo de Israel: “¿Crees que voy a ponerme celoso? Ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el espíritu del Señor”. Nuestro Señor, en el evangelio, ante una situación parecida, dice: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor”.
Habrá que pedirle al Señor que nos ayude a valorar y reconocer el bien que tantos y tantos seres humanos realizan a favor de los demás. Y, aunque no sean de “los nuestros”, no por ello sus obras carecen de mérito a los ojos de Dios.
Junto con este tema principal, el evangelio de este domingo nos ofrece otro punto de meditación muy interesante. Se trata acerca del mandato que Jesús nos hace de quitar, de nuestro lado, todo aquello que sea, para nosotros, ocasión de pecado. No se trata de interpretar al pie de la letra el texto: “Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela… Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo… Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo…”. En realidad el Señor nos invita a rechazar todo aquello (las ocasiones) que nos pueda(n) hacer caer en pecado.
Por último, atendiendo a la segunda lectura, Dios arremete fuertemente contra todas aquellas personas que se enriquecen, en esta vida, a costa de injusticias practicadas contra los más pobres. Habrá que hacer un serio examen de conciencia para reflexionar acerca de cómo tratamos y cómo correspondemos a quienes colaboran o trabajan con nosotros, o bien, dependen de nosotros.
En la Eucaristía de este domingo ponemos, en las manos del Señor, una oración ferviente por nosotros, a fin de quitar de nuestro corazón los “celos” que, frecuentemente, nos invaden cuando vemos el bien que los demás hacen. Así mismo, pidamos fuerza de voluntad para rechazar todo aquello que pueda ser ocasión para ofender a Dios; no olvidemos, además, suplicarle al Señor que nuestro corazón esté siempre libre de todo apego a los bienes materiales. Amén.
+ Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

